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El nuevo rostro del Grupo Romero

Tras liderar la parte industrial del grupo desde el 2001, en abril último Dionisio Romero Paoletti asumió también la presidencia de Credicorp, y con ello el manejo total del segundo grupo económico más grande del país. Aquí una mirada a la historia familiar y empresarial desde sus orígenes, y a los retos que le esperan al conocido “Dioni”.

Por Luis Corvera
ILUSTRACIÓN: Marcelo Perez Dalannays

HERRAMIENTAS

Su sueño era convertirse en un diseñador de autos deportivos, como el italiano Enzo Ferrari. “Esa era mi ilusión desde pequeño”, dice con algo de nostalgia Dionisio Romero Paoletti cada vez que se le pregunta qué habría hecho de su vida si hubiera podido elegir su destino. “Y no es una broma”, se apresura en añadir el actual líder del Grupo Romero cuando atisba en su interlocutor alguna sonrisa de incredulidad.

Pero la falta de un espacio donde desarrollarse profesionalmente en este campo y, sobre todo, el hecho de ser el único hijo varón de Dionisio Romero Seminario, anterior cabeza visible del grupo durante más de 40 años y el segundo mayor accionista individual del mismo, marcaron en él –desde niño– un destino diferente. Es por eso que los estudios de “Dioni”, como le dicen dentro del grupo para diferenciarlo de su padre, siempre estuvieron orientados a temas que le permitieran –en algún momento– tomar las riendas de los negocios familiares, y nunca al diseño. Tuvo que conformarse con compartir con Ferrari la sangre italiana (su madre es de esa nacionalidad). Luego de concluir su secundaria en el colegio Roosevelt, se fue a Estados Unidos, a estudiar Economía en la Brown University y luego una maestría en Administración de Empresas en Stanford, donde también estudió su padre.

Si bien desde abril pasado reemplaza a su progenitor como presidente de Credicorp y de las empresas locales que integran dicho grupo (Banco de Crédito del Perú, Pacífico Seguros y Prima AFP), la rama financiera era la única que le faltaba asumir a “Dioni” para completar la transferencia total del mando. Y es que el proceso no es nuevo, sino que se inició en el 2001, cuando en el grupo se decidió separar de las inversiones familiares la rama financiera, para administrarla separadamente, porque es de naturaleza diferente al resto de sus negocios y porque el grupo tiene en ella un control mucho menor al que posee en sus demás compañías.

Fue en ese momento que Dionisio le transfirió a “Dioni” el mando del “nuevo” Grupo Romero sin la parte financiera, y se quedó al mando del Grupo Credicorp, donde tienen casi 16% de las acciones y dos de los ocho asientos del Directorio –incluida la presidencia–. En realidad, en aquella época la idea original era transferir ambos grupos a “Dioni”, pero este le pidió a su padre que se quedara con la parte financiera, pues sentía que aún no era el momento de asumir ambas responsabilidades, sobre todo por la recesión que afrontaba el país y que lo obligaba a dedicarle todo su tiempo a la búsqueda de ideas creativas que permitieran a las empresas industriales del grupo mejorar sus resultados. Y como Dionisio adora los negocios financieros, no se hizo muchos problemas en aceptar la propuesta de su hijo y esperarlo pacientemente hasta que este le dijera que estaba listo para reemplazarlo, lo cual sucedió en febrero de este año. La transferencia se formalizó en abril.

La historia que hereda

Con 121 años de existencia, el Grupo Romero es el segundo en términos de patrimonio en el país detrás del Grupo Brescia, que es casi su contemporáneo pues está celebrando los 120 años de la llegada de Fortunato, el patriarca del grupo, al Callao. Se estima que los Romero poseen un patrimonio, a valor de mercado, de entre US$ 1.500 millones y US$ 2.000 millones, y que sus principales activos son su participación en Credicorp, Alicorp y Ransa (véase la infografía con el detalle de sus inversiones), mientras que los Brescia tendrían entre US$ 3.000 millones y US$ 3.500 millones, con participaciones en Minsur, el BBVA Banco Continental, Rímac Seguros y Tecnológica de Alimentos como sus principales activos.

El origen del Grupo Romero está ligado a la comercialización de sombreros de paja toquilla a fines del siglo XIX por parte de don Calixto Romero Hernández, hábil comerciante español que tras un viaje de negocios a Valparaíso descubrió esta actividad en Catacaos, Piura, durante una parada del barco. Fundada en 1888, la Casa Romero se dedicó durante toda la gestión de don Calixto al comercio internacional de sombreros, cueros y pacas de algodón, y otorgó representaciones a casas comerciales de Alemania, Estados Unidos, Inglaterra y Panamá, sus principales mercados de destino. Además, desde el inicio contó con dos sucursales: una en Arequipa, a cargo de su cuñado Simón Izquierdo, casado con su hermana Manuela, y otra en Cochabamba (Bolivia), que encargó a su hermano menor, Félix. En general, la concepción de don Calixto sobre los negocios, que es la que han mantenido sus descendientes, era la de tener a gente de su entera confianza a cargo de sus empresas, y qué mejor que la familia para ello.

Otra característica del manejo de don Calixto que también se ha mantenido, era la de ceder la posta a una nueva generación de la familia tan pronto estuviese preparada para tomar las riendas de las empresas, y no interferir luego en sus decisiones. De allí que con apenas 59 años volviera a su España natal y le cediera el control de la Casa Romero a su sobrino Feliciano del Campo, hijo mayor de su hermana Antonia. Originalmente le quiso ceder el puesto a su hijo mayor, Ramón Romero Navarro, a quien preparó desde pequeño para ello, pero este, que vivía en Europa desde los ocho años, se negó a regresar a Catacaos, por lo que Feliciano, quien debía ser el brazo derecho de Ramón, quedó como líder del grupo con solo 25 años. El otro hijo de don Calixto, Dionisio Romero Iturrospe, tenía apenas 15 años en ese momento y era imposible pensar en darle tal responsabilidad. La negativa de Ramón, de quien casi no existen datos, se debió a la pésima relación que mantenía desde pequeño con su padre, a quien posiblemente le guardaba rencor porque este nunca se casó con su madre, una señora piurana de apellido Navarro, y luego contrajo matrimonio con la española doña Rufina Iturrospe, de cuyo vínculo descienden los miembros del Grupo Romero que se conoce hoy en día.

A diferencia de don Calixto, quien tuvo siete hijos en dos relaciones, fue la falta de descendencia propia lo que motivó que Feliciano del Campo, a los 71 años de edad, devolviese en 1965 las riendas del grupo a los descendientes directos del fundador. Su elegido fue su sobrino Dionisio Romero Seminario, el menor de los hijos de su primo Dionisio Romero Iturrospe, a quien llamaba cariñosamente “Zorro” por el parecido que de niño tenía con dicho animal. Mejor preparado que don Calixto, Feliciano acercó al grupo a la capital, integró los negocios e incursionó con más fuerza en la banca para asegurar el financiamiento de sus empresas. Así, además de poseer casi 8% de las acciones del Banco de Crédito (llamado Banco Italiano hasta antes de la Segunda Guerra Mundial), animó a otros agricultores piuranos y comerciantes limeños a crear un nuevo banco, con él como accionista principal. Fue así que en la década de 1950 nació el Banco Continental, que diez años después vendieron al banco Chase Manhattan y que, tras ser expropiado por el gobierno militar, fue comprado en 1995 por el BBVA y el Grupo Brescia.

La historia posterior del grupo, ya bajo el liderazgo del “Zorro”, apeló mucho a la astucia de este para aprovechar las oportunidades que los gobiernos de turno generaron con su incapacidad para manejar el país. Así, si bien con el gobierno militar perdieron las cuatro haciendas que don Calixto con tanto esfuerzo había adquirido, aprovecharon la situación para crear el complejo industrial Textil Piura con los bonos de la expropiación, y para comprar a muy bajo precio las subsidiarias de las empresas extranjeras que el gobierno estaba expulsando del país, con lo que se hicieron de los activos que luego les servirían para sentar las bases de lo que hoy son Ransa y Alicorp. Pero la mejor jugada del “Zorro” fue la toma del control del Banco de Crédito del Perú en 1979, que por aquel entonces era gestionado por el Banco Sudameris (en donde participaban la banca italiana y la francesa). Aprovechando que el gobierno militar obligó a los extranjeros dueños de bancos a reducir su participación a 20%, convenció a los demás socios peruanos de que lo apoyaran y en la junta de accionistas del 30 de marzo de aquel año, en lo que denominaron la “Operación Entebbe”, logró el cambio del directorio y su elección como presidente, a pesar de no ser el principal tenedor de acciones. Según Enrique Vásquez en su libro Estrategias del poder, el Grupo Romero tenía en aquel entonces 11,8% de las acciones, mientras que los Brescia poseían 14,2%.

Para algunos, sin embargo, su mejor jugada no fue esa, sino más bien la forma en la que evitó la estatización de la banca por parte del gobierno de Alan García en 1987. Y es que no solo impidió que el Estado se quedara con el banco al transferir las acciones del mismo a los trabajadores, sino que, una vez pasada la tempestad, se le abrió una oportunidad para hacerse de un porcentaje mucho mayor del banco y quitarle a los Brescia la supremacía en la propiedad de la institución financiera. Algo que, se dice, generó cierto malestar en la familia afectada, aunque los Romero aseguran que en la actualidad son amigos.

El grupo hoy

Si bien ser hijo único del líder que se jubilaba le ha facilitado a “Dioni” el acceso a dicho cargo, las decisiones sobre las empresas que integran el grupo, lo reconoce él mismo, se adoptan en un consejo familiar (el Directorio del grupo), integrado básicamente por los representantes de cada una de las cuatro ramas principales de la familia que hoy componen la cuarta generación: los Romero Paoletti –a la que él pertenece–, los Romero Guzmán, los Romero Belismelis y los Onrubia. Las tres primeras ramas son los descendientes del “Zorro” Dionisio y de sus hermanos Calixto y Manuel Romero Seminario, mientras que la última es la de José Antonio Onrubia Romero. Todos ellos, los únicos hombres de la tercera generación. Las ramas Helguero Romero y Beeck Onrubia, que completan el grupo, están vinculados a Rufina, hermana del “Zorro”, y a María del Carmen, hermana de José Antonio, pero su participación en las decisiones familiares prácticamente es nula, aun cuando no sean las de menor participación accionaria.

Y ello no es casualidad. “Cuando vivíamos en Piura, en la hacienda, todos salíamos a jugar juntos: mi hermano Manuel, que era el mayor, yo, que era el segundo, mi hermana y mi hermano Dionisio, que era el menor”, recuerda Calixto en un video de homenaje preparado para el benjamín de sus hermanos. Curiosamente, a la única que no cita por su nombre es a su hermana Rufina. No se trata de falta de afecto hacia ella, sino simplemente del papel secundario que se asignó a las mujeres en las decisiones del grupo y que, por tanto, las mantiene alejadas de los negocios. En el Grupo Romero, el lugar de las mujeres es el hogar, cuidando a los futuros líderes y asegurándose de que desde niños interioricen el concepto de pertenecer a una gran familia y se integren a la misma. En ese contexto, se conoce que es política del grupo que las mujeres de la familia cedan los derechos –mas no la propiedad– de sus acciones a favor de sus hermanos varones o sus padres, para que estos las representen hasta que sus hijos puedan hacerse cargo. Con ello, además, se evita la intromisión en las decisiones de elementos extraños y que pueden generar desunión (entiéndase, los esposos). Es más, no se permite que estos últimos laboren en las empresas de la familia, y la única excepción a esa regla es la de Paolo Sacchi, esposo de Ana María, hermana menor de “Dioni”, quien por su talento se ganó una gerencia en Alicorp y está voceado como el futuro reemplazo de Leslie Pierce en la gerencia general de la compañía una vez que este último se jubile.

De las seis ramas que integran el Grupo Romero en la actualidad, básicamente se tiene información, aunque muy limitada, de Dionisio y “Dioni”, pero en realidad existen 27 integrantes con algún tipo de participación directa entre los de la tercera generación (4, todos con más de 70 años, de los cuales Dionisio es el menor) y los de la cuarta (23, con edades que fluctúan entre los 40 y 50 años y que se autodenominan “Los primos”). De ese conjunto de familiares, la rama más numerosa, con siete miembros, es la de los Romero Belismelis, que se originó tras la unión de Manuel, hermano mayor de Dionisio, y Aracely Belismelis.

Un matrimonio que permitió al grupo peruano generar lazos familiares con una prominente familia salvadoreña, propietaria de tierras agrícolas y en su momento del Banco de Comercio de ese país, que luego fue vendido al Scotiabank. Sin embargo, Manuel nunca vio concretarse alianza de negocios alguna entre ambas familias, pues falleció de un cáncer hace más de 20 años. Fueron recién sus hijos quienes, una vez a cargo de la participación de su padre, han acercado a ambos grupos. En el 2004 se unieron para ganar la concesión del puerto de Acajutla, uno de los dos más importantes de El Salvador. Las presiones de los sindicatos, sin embargo, obligaron al gobierno de turno a dar marcha atrás en el proceso y los negocios conjuntos tuvieron que esperar hasta el 2006, cuando se constituyó Ransa Centroamérica, filial de la peruana en la que los Belismelis poseen el 40%.

Pero Aracely no es la única salvadoreña que se integró al Grupo Romero. En realidad, ella conoció a su fallecido esposo en el matrimonio de una amiga suya, Ana Silvia Guzmán, quien contrajo nupcias con Calixto, hermano de Dionisio y Manuel.

Dicha pareja se conoció en Estados Unidos mientras ambos llevaban cursos de especialización, y de su unión nacieron cinco hijos. De los tres hermanos, Calixto es el más impulsivo, pues sus apuestas no siempre estuvieron vinculadas con las operaciones más rentables. Con la complicidad de Manuel, el único de ellos que amaba el agro, Calixto no dudó, por ejemplo, en invertir en la década de 1970 en lo que ambos creían que tenía un gran potencial: el cultivo de la palma aceitera en la selva. Una apuesta que, recuerda “Dioni”, fue poco prudente y nada rentable. En los 30 años de la compañía, esta apenas ha tenido utilidades en unos cuatro o cinco. Sin embargo, hoy el negocio tiene una perspectiva más positiva.

Una rama familiar de la que no se sabe mucho es la de los Onrubia, tal vez porque ya no tienen el apellido Romero, aunque habría que decir que gracias al trabajo de José Antonio, uno de los personajes más carismáticos de su generación (a quien se comparaba con una “mosca burrera”, pues siempre andaba fastidiando a los demás), es la rama de mayor patrimonio dentro del grupo (poseen el 14,6% del total). Sin embargo, esta rama nunca reclamó el control del grupo. Y es que, en general, se confía mucho en la familia y no existen registros de cuestionamientos a las decisiones que adoptan sus líderes. Tanto es así que, por ejemplo, a pesar de no estar de acuerdo con invertir en el negocio del biodiésel, el “Zorro” no objetó la decisión de ingresar a él, tomada por la nueva generación a cargo del grupo.

Las primeras decisiones

Además del biodiésel –negocio en el que no les irá muy bien a los Romero si no consiguen que se impongan medidas antidumping al combustible que se ha empezado a importar de Argentina y Estados Unidos–, desde que “Dioni” y sus primos tomaron las riendas del grupo han ingresado a negocios en los que antes no se les vio muy interesados, como la pesca y la minería. Así, por ejemplo, en el 2008 compraron una serie de pequeñas empresas pesqueras para constituir Pesquera Giuliana, nombre de la hermana mayor de “Dioni”, que falleció cuando aún era una niña, y tomaron una opción de compra sobre 30% del proyecto minero Río Blanco, en Majaz (Piura), cuya condición para ejecutar la opción es que se consigan los permisos sociales para operar.

De manera complementaria, son “Los primos” los que han promovido una agresiva internacionalización de las empresas industriales del grupo, a pesar del fallido intento de la generación anterior por lograrlo con las empresas financieras. En ese contexto, además de las operaciones de Ransa en América Central y los países andinos, Primax se fue a Ecuador y Alicorp empezó a sentar las bases para convertirse en una empresa de alimentos regional. Ha sido con ese propósito que se ha empezado a buscar opciones de compra de empresas por toda América Latina. Hoy, Alicorp ya ha concretado compras en Ecuador, país en el que hoy son líderes en algunas categorías de cuidado personal; Colombia, donde aún tienen un portafolio de productos limitado a los de cuidado del hogar; Argentina, nación en la que compiten en las categorías de cuidado personal y del hogar; y Honduras, a donde han llegado con alimento balanceado.

En la mira de la empresa está que sus subsidiarias amplíen su portafolio de productos y operen en todas las categorías de la matriz, así como que se concreten algunas adquisiciones adicionales en América Central y México.

Y ahora que “Dioni” ha asumido la presidencia del Banco de Crédito y de Pacífico, es muy probable que intente internacionalizarlas.

Su idea sería comprar bancos que estén en segundo o tercer lugar, dependiendo de la plaza, como ha hecho con la internacionalización de Alicorp, para tener un volumen de operaciones suficiente que les permita competir en igualdad de condiciones con los líderes. La idea de su padre, en su momento, fue, en cambio, la de comprar bancos pequeños para conocer el mercado y luego, con ese conocimiento adquirido, ganar participación de mercado. El problema con ello, recuerda Rubén Loaiza –quien estuvo a cargo del Banco Tequendama, la operación que adquirieron en Colombia–, era que el tamaño resultó una limitación para competir y no quedó otra que vender. Y del error cometido es consciente el “Zorro”, quien en una reciente entrevista con el diario El Comercio admitió que debió haber ido por bancos grandes y no pequeños.

Pero no todo serán compras en el grupo. Esto también lo adelantó Dionisio en dicha entrevista. A diferencia de los Brescia, que nunca venden nada (la única empresa que alguna vez tuvieron que vender fue Tejidos La Unión, pues habrían tenido que gastar todo su patrimonio e incluso prestarse dinero para reflotarla), los Romero no son tan apegados a sus compañías y son más prácticos; si hay un buen precio de por medio, pueden tomar la decisión de vender. En 1999, por ejemplo, no tuvieron problemas en vender AFP Unión al grupo Santander. Y lo mismo ocurrió con el Banco Continental, hoy del grupo BBVA y Brescia. Y ya lo ha dicho el “Zorro” varias veces, así como Raymundo Morales y Walter Bayly, los más recientes gerentes generales del Banco de Crédito y hombres de confianza del grupo: “Hasta ahora no se ha dado ninguna oferta por el banco, pero si es conveniente para los intereses de los accionistas, se puede vender”.

Por ahora, sin embargo, no está claro si ya hay una decisión tomada sobre qué negocios no son importantes para los nuevos administradores del grupo. “Dioni” considera importantes las inversiones en sus empresas ligadas a infraestructura, consumo masivo, centros comerciales y biodiésel, por lo que ha destinado presupuesto para estas, pero no ha fijado posición sobre el resto.

El futuro del grupo

Con 44 años de edad, “Dioni” será líder del grupo por 21 años más, puesto que su padre instauró la política de que, ante el crecimiento de la familia y en línea con la visión de don Calixto, había que establecer una edad de jubilación para dar oportunidad a los nuevos miembros. Eso significa que para el momento de su jubilación, sus tres hijos bordearían los 30 años, edad a la que podrían no estar listos para tomar las riendas. Con la complejidad de las operaciones que poseen (hoy en realidad son dos grupos, el financiero y el industrial), cada nuevo líder ha ido asumiendo el cargo a mayor edad. Don Calixto salió de España para “hacer la América” a los 15 años y le cedió la posta a su sobrino Feliciano del Campo Romero cuando este tenía solo 25 años, mientras que Dionisio asumió el destino del grupo a los 29 años, aunque era considerado muy joven para ello.

Pero ser el hijo del líder no basta para sustituirlo en el puesto: este tiene que estar preparado y conocer bien las empresas, lo que, con el crecimiento del grupo, toma cada vez más tiempo. “Dioni”, por ejemplo, tuvo la ventaja de ser el único hijo varón del “Zorro” y, por tanto, carecía de competencia directa por el puesto, pero antes de asumir la presidencia del conglomerado industrial, a los 36 años, no solo había cursado estudios de especialización, sino que ya había laborado en varias empresas del grupo y en diferentes posiciones. Su primer trabajo no fue de gerente, sino de supervisor en el turno noche de la Fábrica de Alimentos Lima, una de las plantas del grupo dedicada a la producción de harinas y que fue cerrada tras la fusión con Nicolini y Lavaggi para la constitución de Alicorp. Luego de pasar por varios puestos en las plantas de alimentos, le encargaron Interamérica de Comercio, empresa hoy desaparecida que comercializaba las motos Yamaha, en donde, como él mismo dice, “aprendí mucho, pues cometí todos los errores habidos y por haber”. Y tras cursar su maestría en Administración de Empresas, ingresó al Área de Finanzas del Banco de Crédito y concluyó como gerente general adjunto del Banco de Crédito de Bolivia.

Por tanto, si “Dioni” logra cumplir con la promesa de superar a su padre, el grupo será tan complejo como es hoy y con ramificaciones en el exterior, con lo cual lo más probable es que para el momento de su jubilación sus hijos no estén listos para sucederlo y se le pida quedarse más tiempo en el puesto, como lo hizo él con su padre, o que sea un primo suyo quien asuma las riendas hasta que la quinta generación esté preparada para el reto. Algunos creen que esto podría ser lo más probable, y que es la rama de los Romero Belismelis, por ser los menores entre “Los primos” y de los más activos en el grupo, los que podrían tomar la posta transitoriamente. Hay que tener presente que en todas las transiciones del grupo el nuevo líder se apoyó en alguien. Feliciano no estuvo solo, sino que tuvo de brazo derecho y consejero a Timoteo Hernández, tío de don Calixto. De igual manera, Feliciano estuvo varios años con el “Zorro” al lado antes de soltar las riendas.

Pero hay un hecho más importante que el nombre del siguiente elegido, y que el grupo debe evaluar cómo manejar: la tercera generación ha sido la que mayor descendencia ha concebido (hay 23 “primos” en la cuarta generación) y, por tanto, la quinta generación será muy numerosa, por lo que se complicará mucho el manejo del grupo para cuando asuman el mando. Si bien don Calixto dejó cinco hijos al fallecer, los tres mayores eran de un primer compromiso y nunca se sintieron cómodos con la decisión de su padre de tener una nueva familia, por lo que una vez fallecido este, se desligaron del grupo. Y como los dos hijos restantes eran menores de edad, fue Feliciano quien se hizo cargo de todo hasta que estos crecieron, pero, con todo, en ese momento eran solo tres los que tomaban las decisiones. De estos tres accionistas que conformaron la segunda generación, Feliciano no tuvo hijos, por lo que repartió su fortuna entre sus seis sobrinos (la tercera generación), un número aún pequeño que fácilmente se podía poner de acuerdo (más aun si dos de ellos eran mujeres y no participaban de las decisiones).

Así, a diferencia de las tres primeras generaciones, en las que todos tenían participación directa, en la cuarta ello ya no es posible y cada rama familiar debe escoger a su representante ante el Directorio del grupo. Un mecanismo complejo que se irá complicando aun más con el crecimiento de la familia, por lo que no debería sorprender si en el futuro se escinde alguna rama (en el árbol genealógico adjunto se puede apreciar que varias han “desaparecido” con el tiempo). Incluso cuando eran solo seis miembros, durante la tercera generación, varios de ellos no siempre pensaron como grupo y realizaron inversiones particulares, las cuales, si bien se encuentran bajo la protección del grupo por una política del mismo, no forman parte del patrimonio colectivo. Una de las últimas inversiones personales del “Zorro”, por ejemplo, fue la compra, junto a su socio y amigo Ángel Irazola Arribas, de la hacienda Huando, una adquisición realizada a insistencia de Irazola pues Dionisio no gusta mucho del agro.

Por tanto, con su ingreso a la presidencia del grupo, “Dioni” no solo tendrá que velar por el crecimiento del patrimonio de la familia y tratar de superar a los Brescia para convertirse en los más ricos del país, sino que deberá fijar las pautas de cómo se manejará la organización a futuro, para facilitar las siguientes transferencias del poder y mantener la unidad del grupo. Es claro, advierte Calixto a quienes le consultan sobre este tema, que hay que empezar a preparar a los nuevos miembros de la familia para que trabajen en otras actividades, pues no habrá espacio para todos en las empresas del grupo. En ese caso, si bien “Dioni” no pudo convertirse en diseñador de autos, aunque haya armado un motor en su casa y tenga algunos dibujos en su oficina, tal vez sus hijos sí podrán elegir su destino.

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Rosa Ins Gallo Cruz Vda. de Clara
2009-07-04 16:32:57

Excelente, nac y me cri enMALLARES y conoc muy bien a la generacin,Manolo,Calixto,Rufina yDionisio,Tengo 58 y vivo en Argentina,me emocion leyendo el artculo, me trajo recuerdos muy lindos y quisiera contactarme con Calixto "viejo", les agradecera le hagan llegar mis carios a todos los primos de la 4 generacin y que sigan sus logros Atentamente

EL SEGUNDO GRUPO ECONOMICO DEL PAIS GRUPO ROMERO
2009-07-09 21:25:47

la tercera generacion de grupo romero

alo
2010-08-28 10:22:07

un consejo : seria demuchaayuda quehagan un mapagenealogico de lafamilia romerode susu inicios gracias y me lo mandan

MIGUEL
2010-09-25 12:22:23

COMO ADMIRO A ESTE SEOR XQ ES MUY EXITOSO

PAOLO
2010-09-25 12:24:11

UNA PREGUNTA....... Y SI TIENEN TANTO DINERO X Q NO POSTULAN ALA PRESIDENCIA...????

lula
2011-05-19 18:01:15

una pregunta: raul romero tiene algun tipo d vinculo con el grupo romero.??